
No alcen la voz.
A la vuelta de esquina esperan agazapados, bestiales, con picanas sucias de carne chamuscada, submarinos de estiércol y de heces. Lo más vil y despreciable de cualquier clase está en sus garras, cobardes asesinos de ideales, apetito brutal y traicionero, horror de pezones desflorados y testículos cercenados, cantos gregorianos en los goles, alabanza de la muerte y ofrenda oprobiosa de la vida ajena en los pozos.
No alcen la voz.
Que los niños nacen y las madres mueren en la esma. Que en los bosques caen las bombas y en las calles atruena la metralla.
No alcen la voz.
Que las heridas aún sangran y los muertos quieren salir de las fosas. No alcen la voz. La rosa negra del río se abre en remolinos de lava y el caldo de la memoria es un hirviente frío de cuencas vacías.
© Juan José Mestre
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