
El silencio me mira,
observa con cautela
las arrugas de mi frente,
ojea mi ropaje de nómada,
adivina la diáspora en mi mirada,
atisbo su recelo en el céfiro inesperado,
nos quedamos frente a frente como dos gladiadores
esperan a la muerte maliciosa, aún cuando no ha elegido
su presa de tenaz chacal etéreo, cínico lenguaraz de la carroña.
© Juan José Mestre
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