martes, septiembre 04, 2012

EL ENTE







Siempre quise saber qué provocaba en mí ese sentimiento confuso, opaco, de una negritud muy cercana al dolor de la desesperanza. Tal vez, si hubiera hurgado en los vericuetos de mi mente, la respuesta fuera simple. Pero no soy muy afecto a meterme en terrenos cenagosos, así que me conformo con tolerar el incómodo merodear de mis ojos por la noche. Lo que sí tengo en claro es que esa sensación estuvo siempre presente. Algo ominoso que traigo de vidas anteriores. Una cosa, un ente, un horrible engendro que habita dentro de mí y que está dispuesto a estallar conmigo en el preciso instante en que lo libere. Es un poco complicado de explicar: está ahí, en algún lugar de mi cuerpo, como un feto grotesco aguardando la luna precisa de su parición. Solapado, amortigua sus movimientos con la finalidad de no amedrentarme; tiene pleno control sobre mi consciencia y yo no le pierdo pisada: es un mutuo gobierno el que hemos establecido. Él, en lo profundo; yo, en la superficie. Así logramos la convivencia. El interrogante es: ¿hasta cuándo? Pero es seguro que algún día me vencerá. En el entretanto, la cosa seguirá expectante y yo, viendo pasar mis días con impavidez. Con esa sensación de desesperanza que es lo único que supe gobernar en la vida, simplemente porque me era útil.


© Juan José Mestre

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