viernes, marzo 19, 2010

POEMA ABSURDO

No, nadie me dijo
que la lluvia fuera buena.
Pero tampoco buena.
Ni mala ni buena.
Sólo eso.
Divididas están las opiniones.
Cada cual la vive según su experiencia.
Mucha.
Poca.
Buena.
Mala.
La lluvia y la experiencia.
No hay nada unívoco en el universo.
Uni de uno,
Verso de diverso.
Paradojal destino cósmico.
Nada es nada
y todo es todo.
Bueno es bueno para algunos.
Malo es malo para otros.
Pluralidad de conceptos.
Conceptos humanos.
Relativos.
Fehacientes contradicciones
de la lógica.
Notable dicotomía
del absurdo andamiaje de los tiempos.



© Juan José Mestre

jueves, marzo 18, 2010

ROJOS (IX)

ROJOS IX



Pero el rojo está en cualquier gota de vida, en cualquier río, en cualquier plumaje, en todos los fuegos. Finalmente, el sueño de una noche será el preludio de la vida en la próxima aurora. El recuerdo no morirá; tampoco el hombre. La sangre fluirá, lenta y serena, por su lecho. El día tendrá todas las gamas , todos los rojos, todos azules y seremos Uno en el Todo. El rojo habrá triunfado. Y ese triunfo será el del hombre sobre el hombre mismo.


© Juan José Mestre

rojos (IX)

ROJOS IX



Pero el rojo está en cualquier gota de vida, en cualquier río, en cualquier plumaje, en todos los fuegos. Finalmente, el sueño de una noche será el preludio de la vida en la próxima aurora. El recuerdo no morirá; tampoco el hombre. La sangre fluirá, lenta y serena, por su lecho. El día tendrá todas las gamas , todos los rojos, todos azules y seremos Uno en el Todo. El rojo habrá triunfado. Y ese triunfo será el del hombre sobre el hombre mismo.


© Juan José Mestre

miércoles, marzo 17, 2010

ROJOS (VIII)

ROJOS (VIII)




Estoy con una tonalidad rojiza. Todo mi entorno la tiene. No puede ser una exposición excesiva al sol –por la hora y porque está nublado-; es algo mucho más profundo y más aterrador. Es la quintaesencia de la metamorfosis. Un humano no lo resiste, eso es seguro. Pero también es cierto que se percibe como algo necesario, inevitable. El gris del día contrasta con la nueva conformación del ácido ribonucleico. La mutación es inminente. Sólo resta saber si una gota de sangre regará la tierra un tanto húmeda de este día.



© Juan José Mestre

martes, marzo 16, 2010

ROJOS (VII)

Nieve roja.
Lava ardiente.
Fuego blanco.

Un hipocampo
expulsado por el mar
llega a la playa, petrificado.

No hay cielo,
ni ojos,
ni cruces,
ni huellas.

El abismo más cruel
ha sido profanado.

Queda un recuerdo único
de lo oscuro:
el corazón de un hombre
tañe su penúltimo latido.



© Juan José Mestre

lunes, marzo 15, 2010

ROSJOS (VI)

Agobio. En el rojo de los ceibos también puede haber agobio. Como el río se sofoca en su propio cauce. La noche es lo más semejante a lo rojizo en su tonalidad de sombras. Los símbolos enrojecen al ver caer por siempre su significado. La sangre coagulada se vuelve negra; espesa, pringosa coloración de muerte. La rosa de los vientos pierde su rumbo en la aguaza púrpura del final.
Nada.
Todo.
Es lo mismo.
La totalidad de la nada se cierne sobre el hombre, encarnecida.




© Juan José Mestre

domingo, marzo 14, 2010

ROJOS (V)

Un caballo rampante
irrumpe en la horizontal
curva del ocaso.
Rojo vivo, claro, traslúcido.
De pronto, llueve.
Negro.
Todo es negro.
Rojo.
Rojo es el río, el volcán
y el hongo nuclear
que surge silencioso.
Negro.
Rojo.
Macabro juego cromático
De un sol cayendo
en la más absoluta disolución.
Ahora todo es viento.
Nadada más que viento.
Unos ojos inyectados con pavor
atisban la teatral escena.



© Juan José Mestre

sábado, marzo 13, 2010

ROJOS (IV)


 

 

La metáfora es simple: el rojo es el color del infierno, pero también lo es el de la sangre. Casi siempre se hace uno; como todo es número en el cosmos, así lo es el rojo de la vida o de la muerte; una estrella que se apaga vira al negro conclusivo, pero antes, apenas un instante antes, se tiñe de rojo. El Apocalipsis se refleja en el rostro envejecido de un niño que llora solitario. El Apocalipsis es el omega, el ocaso,  el final, el rojo. Quizás también sea el comienzo, como el alba enrojecida de un día cualquiera.

 

 

© Juan José Mestre

viernes, marzo 12, 2010

ROJOS (III)

 

 

 

 Rojo  y  negro son  casi  idénticos;   las  lágrimas  de  un   sauce ensangrentado nutren la tierra con un fúnebre acorde de esa ignota mudez que se aparea, incestuosa, con el olvido. El cuadro es como esa infernal locura de un lienzo abismal que gana altura en una ráfaga de antimateria. No quedan esperanzas. De lo humano, casi nada: apenas unas manos crispadas se agitan tras el olvido.

 

 

 

© Juan José Mestre

 

 

 

jueves, marzo 11, 2010

ROJOS (II)

Un atisbo

de vida

quedará

flotando

en la sangre

subatómica;

en la última

gota,

lluvia

vana del

desierto,

con siete soles

siete dioses

del alfa,

del omega;

un paisaje

falsamente

urbano,

nos hará

evidente

a una mujer

amamantando

a su hijo

muerto.

 

 

 

© Juan José Mestre