jueves, enero 17, 2013
FONEMA
Ni su prelación.
Tal vez nada importe
porque todo es una melaza informe
en esta Babel sin rumbo.
martes, noviembre 13, 2012
ECLIPSE
El sol,
esa pátina difusa que cubre la mañana,
no alcanza.
Tampoco sirve la desnudez de los árboles
o el canto ominoso
de los pájaros ateridos.
Un microcosmos
sombrío y turbio se ha convertido
en neófito dominador de los confines.
La esperanza ha desaparecido:
es una fútil necedad
el buscarla.
Nada es posible cuando lo irrevocable decide.
© Juan José Mestre
esa pátina difusa que cubre la mañana,
no alcanza.
Tampoco sirve la desnudez de los árboles
o el canto ominoso
de los pájaros ateridos.
Un microcosmos
sombrío y turbio se ha convertido
en neófito dominador de los confines.
La esperanza ha desaparecido:
es una fútil necedad
el buscarla.
Nada es posible cuando lo irrevocable decide.
© Juan José Mestre
lunes, noviembre 05, 2012
HAY EL AZUL
hay el canto y la locura
el milagro y el misterio
de la brisa y de la niebla
hay un sollozo y hay la
vida
incrustada en los espejos
(narcisista en el atisbo
receloso)
del espacio
que puede hacerle sombra
en el umbral del Tiempo
hay un inicio
un final
un entretanto
la sangre de Dios
el arte
esa melancolía por lo
excelso
que muere en aras de un
responso
–vitral encendido en soles–
cuando el azul
vuelve al lógico desvarío
de ser aguamarina tácita en el adagio
© Juan José Mestre – “Indicios”,
pág.
109
domingo, noviembre 04, 2012
41º Encuentro Nacional Argentino- Irlandés en Venado Tuerto
El día pintaba feo a la mañana,
pero cercano el mediodía comenzó a despejarse el cielo y se hizo una hermosa
tarde. Perfecta para estar al aire libre en el parque de Sociedad Rural. Y se
fue creando un clima cordial, de una
calidez y una alegría muy difícil de explicar, pero muy placentero como
vivencia. Música, danza, bebidas y comidas tradicionales lograron una mixtura bellísima,
única. Las canciones de Caren Jordan, las danzas de los distintos ballets, un
grupo que fusiona Rock, jazz y otros ritmos
música tradicional irlandesa, hilvanaron el crepúsculo hacia una nostalgia
alegre, tan parecida de estos descendientes de aquellos irlandeses que,
enamorados de estas tierras, las hicieron suyas. Son seres abiertos, íntegros,
con un gran amor hacia la tierra que los cobijo en su verde para que no se
borrara aquel de sus ancestros. Buena gente y llena de amor. Esa es la
síntesis.
© Juan José Mestre.
viernes, noviembre 02, 2012
SIEMPRE HAY TONTOS
Siempre hay tontos. En todas partes. En todos lados. Que son pobres. Y felices. Que son blanco de las pullas de aquellos que creen en la dicha empaquetada y la dignidad vestida con lo último de Armani. Siempre hay tontos que creen en la igualdad, en la amistad sin condiciones, en la simpleza, los países sin fronteras, en aquel baile universal de Zorba, en la libertad, la compasión, la piedad, en la vida y en la risa. Siempre hay tontos. No se puede luchar en su contra: son muchos y están en todas partes. Al final de la jornada serán los vencedores.
© Juan José Mestre
jueves, noviembre 01, 2012
NOVIEMBRE
Algo extraño esconde este noviembre
indeciso como la primavera indecisa:
fluctuante en los nardos y en la lluvia,
incierto como la incertidumbre misma
se cuela por los intersticios del alma
y pulveriza a la ilusión…
…que siempre se alimenta de imposibles…
© Juan José Mestre
miércoles, octubre 31, 2012
LOTERIA FAMILIAR
La familia se había reunido.
Éramos nosotros y unos cuantos hermanos de mi abuela. Yo tenía un precioso
juego de lotería, regalo de mis padres.
Empezaron a jugar al bingo familiar con ese desparpajo tan común en alguien que
espera pasar una agradable velada. En
medio del juego, yo pedí “cantar” los números. Me dieron las bolillas. Al poco
rato, el tío “Palo” comenzó a protestar por mi demora y mi “tartamudez”. Al
principio, nadie le hizo caso. Pero fue tanta la insistencia y su enojo que mi
mamá optó por quitarme las dichosas bolillas. Comencé a llorar y mi madre estalló.
Me levantó en una forma violenta e irracional. Me llevó a la pileta de la
cocina, abrió la canilla con toda su fuerza y metió mi cabeza bajo el chorro de agua. Nunca sentí tanta
desesperación como aquella vez. No recuerdo cómo terminó la reunión, pero sí
que mi madre dejó una parte de su ser en ese hecho que nunca pudo perdonarse y
que –después- me pedía que no se lo recordara porque le hacía mal. Es que en esa noche se
dejó llevar por un tipo que era la imagen del fracaso. Por alguien que después pagaría
tanta arrogancia de la forma más cruel, pero esa es una historia tan vieja como
el hombre: no ser capaz de aceptar al otro tal cual es.
© Juan José Mestre.
martes, octubre 30, 2012
TULES
Esta
Y tú, ¡eras tan joven! Si me parece ver tus ojos en llanto solamente por ver los míos en llamas... Así, nos fuimos perdiendo entre palabras huecas, excusas que nos inventamos para poder ver en el mañana una pizca de azul en el cielo, con tus culpas por no amarme. Con las mías por hacerlo.
Eso fue todo lo que hubo entre nosotros. Un puñado de errores que la inercia de la niebla fue desdibujando hasta convertirlo en grises apagados, en luces que se quedan atrapadas por las sombras. Hoy no soy nada. Sólo el agujero negro de mis cuencas sirve para contener aquella imagen raída por el triste crespón de la lejanía.
© Juan José Mestre.
TULES
No recuerdo en qué momento la niebla me fue cubriendo de ausencia y olvido. Seguramente, fue en el instante aquel en que te dije que te amaba, pero no iba a luchar por retenerte. Sabía que era lo mejor para nosotros, que nada tenía para darte: ni siquiera el amor era suficiente, ni siquiera mi dolor me daba derecho a someterte a la mísera existencia de mis días.
Y tú, ¡eras tan joven! Si me parece ver tus ojos en llanto solamente por ver los míos en llamas... Así, nos fuimos perdiendo entre palabras huecas, excusas que nos inventamos para poder ver en el mañana una pizca de azul en el cielo, con tus culpas por no amarme. Con las mías por hacerlo.
Eso fue todo lo que hubo entre nosotros. Un puñado de errores que la inercia de la niebla fue desdibujando hasta convertirlo en grises apagados, en luces que se quedan atrapadas por las sombras. Hoy no soy nada. Sólo el agujero negro de mis cuencas sirve para contener aquella imagen raída por el triste crespón de la lejanía.
© Juan José Mestre.
lunes, octubre 29, 2012
¿CÓMO HICIMOS?
¡CÓMO HICIMOS?
Por esos insondables misterios que
tiene la vida, nos conocimos. Y por esos misterios, también, hemos elevado al
universo el inescrutable canto de la amistad. Pero no quiero arrogarme méritos.
Recuerdo que Tina, en primer año, quien vino a buscar unos apuntes y yo la recibí
con una camiseta musculosa pavorosamente horrenda. Aún así, consiguió los
apuntes. Y esto no es un dato menor en mi vida, ya que fue ella, también, la
primera chica que se acercó a esta casa en los quince años que por entonces tenía
en este plano.
Después, siempre estuvo presente,
incluso en esos años en que se fue de Venado. En medio, cinco años de
secundario fueron suficientes para sentirnos amigos. Y pasó esto que quiero que
explique, palabras más, palabras menos,
Mario Benedetti:
"... sé por primera
vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola
que del vecino
territorio del amor
ese desesperado
empezarán a mirarnos con
envidia
y acabarán organizando
excursiones
para venir a
preguntarnos
cómo hicimos.”
Es que la amistad, esa sublime forma
que toma el amor, es maravillosa. Maravillosa porque siempre está, sin
egoísmos, con flores o con espinas y aún con desencuentros. Pero está y se
percibe en la mirada del otro. Tal como lo percibo yo en la mirada de Tina.
viernes, octubre 26, 2012
Les diré que te recuerdo
“Cuando los ángeles pregunten por ti, les diré que te recuerdo.” Desde mis más lejanos años había escuchado esta frase en los labios de mi abuelo. En árabe adquiría una ternura cautivadora. Apenas dos estrofas de una antigua canción libanesa que seguramente había perdido en su bagaje de inmigrante. Las pronunciaba casi pudorosamente, como un rezo inacabado, lamentación atávica de tanto exilio.
Los años fueron aquietando los recuerdos y en esa duermevela de la mente quedaron refugiados. Un día de mediados de los setenta, en pleno otoño y con la pachorra de la siesta sobre mis hombros, caminaba yo por las calles de Rosario mirando en las librerías aquello que se vendía como oferta.
No sé por qué me detuve en una mesa donde se exhibían libros viejos, justo enfrente de uno que estaba al lado de La Metamorfosis de Kafka. Tenía tapas rosadas y su título hizo un tumulto en mi alma: “Les diré que te recuerdo”, de Wiliam Peter Blatty.
Lo tomé en mis manos temblorosas, pagué los pocos pesos que valía y me senté, conmocionado, en un banco de la peatonal Córdoba a hojear aquel tesoro de tres monedas. Al autor lo conocía por El Exorcista -¿quién no?-, pero en sus páginas me aguardaba la más excepcional biografía de mi abuelo hecho madre de un escritor norteamericano.
De eso trata el libro: una amorosa mujer libanesa que se desangra por el amor a su hijo. Todos los detalles, por nimios que sean, son un calco de la vida y las acciones de ese hombre que fue mi amigo cuando yo no los tenía.
Lo he leído cientos de veces hasta que creí que debía dejarlo descansar junto al sueño del abuelo. Hasta no hace mucho tiempo estuvo casi intacto en la mesa de noche de mi madre. Digno lugar para vivificar recuerdos de esa juventud que aún hoy vuelve de paseo y se queda un rato, juguetona, displicente en su sutil melancolía.
© Juan José Mestre
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