miércoles, marzo 10, 2010

ROJOS

ROJOS

 

 

…y la luna será una sombra

más oscura que el cielo,

el tiempo inmarcesible

se tornará en un flash

de rojos esenciales,

la substancia del cosmos

devendrá en ADN unívoco,

mientras el mínimo fulgor

de mis ojos será el más remoto

de los recuerdos.

 

 

© Juan José Mestre   

 

martes, marzo 09, 2010

TRANSICIONES

 

 

 

Donde haya un poco de luz, denota la embrionaria presencia del otoño en el aire acostumbrado. Hace calor, el verde todavía lanza sus porfías al viento, pero ahora los dorados y los grises sueñan por conquistar su reino. El dulce amanecer es más calmo, más tardío  que el de hace apenas unos días. Hay más actividad y más silencio,   más afanes y  más transiciones en el tránsito de un día a otro. Los  pájaros están menos retozones por estos días, mas están. Una indefinible sensación de letargo se siente por estos tiempos. Nadie lo admite, pero lo siente.  

 

 

© Juan José Mestre

 

 

lunes, marzo 08, 2010

LA EMBOLSADA

 

Nunca supe nada de ella, pero fue la persona que me enseñó el significado de palabras tales como misterio, enigma, oculto, signo, marca.

En su voluntaria exclusión del mundo circundante, la veía pasar una y mil veces montada en su bicicleta, siempre veloz, atemorizada, ansiosa por volver a su refugio donde –imagino- guardaría su rosario de oscuros menosprecios.

Ahora, a la distancia, la recuerdo como una mujer enjuta, de amplias vestiduras, con un gran sombrero de paja para esconder, aún más, su cráneo envuelto en un pañuelo que se inflaba con el viento, único sabedor de su secreto.

Conste que cuando digo cráneo, lo indico en el más amplio alcance de lo que esta circunferencia abarca. Porque así era: sólo un resquicio de sombra dejaba adivinar sus ojos en la sempiterna huida a la que había sucumbido.

Algunos vecinos de Venado, en aquellos años de finales de los sesenta y principios de los setenta, aventuraban hipótesis: que se había quemado horriblemente y mil historias similares. Tal vez, todas tengan algo de cierto.

Quizás, también, alguien pueda darme algún dato más sobre ella. Le ruego que no lo haga.

Prefiero quedarme con el sentimiento de piedad que dejaba en mis ojos azorados por aquel atisbo tan parecido a la pesadumbre que se percibía tras su paso.

Prefiero quedarme con la idea de un anonimato que roce siquiera una historia de amor y de locura.

 

 

© Juan José Mestre 

 

 

sábado, marzo 06, 2010

GUARDIANES

 

 

 

Es esa desesperanza que nos nubla el alma, esa desazón que el cielo nos carga de improviso, el continuo peregrinar por nuestras miserias, el canto de las aves, tan ajeno y tan cercano, la arena de una playa que se retira al sueño del abismo, la luna  de marzo (esquiva sensación  de tránsito), y el dulce placer de una mujer que duerme  lo que nos hace ángeles o demonios, magnánimos guardianes de bueno y de lo impío.

 

 

 

© Juan José Mestre

 

 

viernes, marzo 05, 2010

ESCRIBIR ES UN ACTO SUICIDA

 

 

 

Escribir es un acto suicida. Algunas veces por las circunstancias, otras por aquello que escribimos. Siempre, al finalizar unas pocas líneas,  queda poco de nosotros. Es así que viene la feroz tarea de reconstruirnos. Es así como vamos recogiendo hilachas del ser que quedaron en los bordes de un texto. Porque nuestra esencia más íntima permanece en lo escrito. No es una tarea intelectual el escribir. Es un karma en todos los aspectos. Estamos predestinados (los escritores) a esa brutal manera de morir en cada palabra. Y a  entregarlo todo en cada una de ellas. Sí. Escribir es un acto suicida. Y, sin embargo, cada día lo encaramos a sabiendas de que entregarlo todo lleva –por un instante- a la locura.  Quizá sea por ese instante que volvemos sobre nuestros pasos apenas arranca el día.  

 

 

 

© Juan José Mestre

 

 

jueves, marzo 04, 2010

¿Por qué?


 

 

 

¿Por qué esta tormenta continua, por qué esta permanente zozobra? ¿Por qué esta incipiente felicidad que se escurre de pronto entre los espejismos del día? ¿Por qué no vivir tranquilo, sin el sueño temeroso de lo que me espera al abrir los ojos? ¿Por qué este constante caminar dentro del fango hasta la cintura? ¿Por qué esa inmutable desazón de las horas? ¿Por qué este habitar en la estepa con el dolor encrespado en las entrañas?

 

 

© Juan José Mestre

 

 

miércoles, marzo 03, 2010

CONTRADICCIÓN

El sueño de pronto cae en el desmayo. La realidad vuelve a ser un futuro aleatorio. La vida, una aventura incierta. El sol, un rapaz vestigio en la sencillez del cielo. Nunca nada ha sido dudoso. Nunca nada ha sido irrebatible. La paradoja como constante es la variable del cosmos. Eso somos: paradojales, indubitables en los errores, matemáticamente perfectos en la constante pericia de la entelequia.







© Juan José Mestre

martes, marzo 02, 2010

QUE NOS GUÍEN

 

 

 

Con toda la paz que poseo, miro el horizonte y digo que no hay más que oír los pájaros.  Nada más que eso: oírlos. Éxtasis por el éxtasis mismo. Ensueño del viento, mansedumbre del río. Que nos guíen los pájaros, que nos guíen sus alas plácidas, que nos lleve la luz hacia sus nidos. Que nos nuble la vista sus colores. Y en esa ceguera matizada en los plumajes,  alcanzar la libertad que nos acucia.

 

 

 

© Juan José Mestre

 

 

 

lunes, marzo 01, 2010

DICEN QUE...

Dicen que era el amanecer un martes de carnaval y que la tormenta retrasó a la partera. Dicen que mi abuela recién volvía de los corsos, dicen que el parto fue rápido y que el viento muy se sintió fuerte con tu llanto y que eras muy menudita. Fue aquí nomás, a dos cuadras de esta casa. Fue en los umbrales del otoño y del ensueño. Dicen que los astros estaban inmutables en el cielo y que tu vida fue sencilla. Dicen muchas cosas, pero hay que descreer del tiempo y las palabras. No saben lo que el sudor de estrellas de una madre. No saben lo que es lo efímero cuando se junta con lo eterno.

 

 

© Juan José Mestre

 

 

 

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sábado, febrero 27, 2010

EL FINAL

 

Algún día, cuando los soles vayan a su ocaso irremediable, la noche perderá su significado. Será ese día un mero resplandor en nuestras almas, sedientas de luz, mientras la vida, aquella de todos los cosmos ignorados, se escindirá en los ángulos afilados de una sombra.

 

 

© Juan José Mestre

 

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