¿Con qué sentido preguntar si no se obtienen respuestas? Para un mundo de sordos es mejor no alimentar más sorderas. El canto de las aves más el viento son tan sensatas que huyen del parloteo humano. No hay mejor cosa que hacer mutis ante la estupidez reinante. No hay más que callar e irse a una coplita intransigente entre las nubes.
Ha muerto un miembro de la comunidad toba. Ha muerto un ciudadano argentino bajo las balas policiales formoseñas. Me quedo sin palabras. Tomo, sí, las de Bertold Brecht: ”…aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al Bastardo, la Puta que lo parió está caliente de nuevo".
Un canto gregoriano impregna con sus sórdidas alabanzas la tranquila llovizna de noviembre.Los pájaros, acallados, se acurrucan en sus nidos esperando que acampe. No hay miras de ello todavía. Y mi alma se contenta con poco en la mañana. Mientras, el verde recobra la vital tonalidad de una primavera que ha completado sus dos tercios…
El tiempo se ha quebrado. Una repentina cesación de minutos y segundos ha devenido en este compartimento suspendido en medio de la nada. La creación se paraliza en los reflejos. Nadie podrá decir que no es un instante perfecto.
La vaguedad en los cristales, la niebla despliega su telón de lánguidos bostezos. Trillado, el silencio hace estragos en la mente. Estallan los cristales en la luz difusa que se cuela tras el verde heterogéneo de noviembre. Un pájaro se entromete, bullicioso. El silencio sigue ahí, insondable.