sábado, marzo 26, 2011

TEMOR REVERENCIAL






Eran como las cinco de la tarde. De pronto, entre el silencio del sábado y el débil murmullo de la tele amortiguada por la penumbra de la casa y la modorra sabatina, una carcajada irrumpe con la sorpresa de lo inesperado. Y vaya si era inesperado… ¿Roberto Martino, el hombre que inspiraba temor reverencial en todo el foro venadense por su rectitud y bonhomía, era capaz de reírse con tanto desparpajo? Cuando fuimos con Leticia a averiguar el motivo de tan inusual hecho lo hallamos casi descompuesto de la risa, desparramado sobre el sofá frente al televisor. Cuando pudo recomponerse un poco, rebobinó el filme que estaba viendo y nos mostró la escena. Cuatro forajidos, en medio del desierto de Arizona, discutían y se culpaban entre ellos porque una Studebaker toda destartalada se había quedado sin combustible mientras uno orinaba tranquilamente dentro del tanque de nafta.



Comienzo mi semblanza de esta forma porque tal vez sea la parte menos conocida de este hombre ejemplar, de voz un poco ronca, con un alto grado de autoridad que imponía a fuerza de su sola presencia, conducta sin igual y palabra serena.



Debajo de esa apariencia adusta podía adivinarse una ternura y sensibilidad sin iguales. Callado, introspectivo, usaba la palabra solo cuando era necesario. Y cuando la usaba, era para decir lo exacto, justo e inexcusable. De tono afable, no dudaba en ponerse recio si era menester hacerlo.



Guardo de él muchos recuerdos. Pero uno me marcó a fuego. Una noche, andaba yo sin rumbo fijo y se me ocurrió ir a ver si Leti había vuelto de Rosario ya que era viernes. Me recibió con un whisky y pasamos un buen rato charlando. El devenir de la conversación nos llevó a Leticia y, de pronto y no sé cómo, me dijo con lágrimas en los ojos: “Estoy orgulloso de mi hija”. Semejante confesión, inesperada por provenir de él –tan poco afecto a hacerlas- fue el indicativo del inmenso amor que sentía por ella. Es que era un ser con una inmensa capacidad de ternura.



Con un sentido de lo correcto que muy pocos poseen, se jugó por entero durante la dictadura: presentaba hábeas corpus todas las semanas por los desaparecidos de Venado.



Roberto Martino, un hombre que me enseñó muchas cosas con solo observarlo. El hombre que terminó escondido junto con mi padre debajo de la mesa del Comité Radical en aquellas épocas en que siempre las cuestiones políticas se resolvían con un chumbo.









© Juan José Mestre

miércoles, marzo 16, 2011

TODO


La osadía del amor. El recuerdo mustio de unos días. Las temibles horas del pueblo en su camino hacia las sombras. El secreto a voces turbando al tiempo. Las vacías cuencas hermanadas en antimateria hilando mundos de olvidos denodados. La muerte del gorrión entre dos trinos. El lóbrego transcurrir de la ausencia en las ociosas manos. La inercia de las hojas que arrastra el último encuentro hacia el exilio de la lasitud inapelable. El color de tu piel buscando grises. Todo es difuso, niebla entre vaguedades que emigran calcando eufemismos de un barco levando anclas. 

© Juan José Mestre

martes, marzo 15, 2011

FÁBULA


Dos ratones charlaban sobre el queso. 

-Yo prefiero el provolone, porque es el más famoso gracias al Topo Giggio.

-Mmmm... mirá que el roquefort tiene más status ¡los franceses son distinguidos y gourmets de primera!

-No, no, no, ¡no! El roquefort es de lo más berreta... ¡A mí no me vas a decir que ese queso, por más que haya sido el preferido de los reyes franceses, que el fenómeno Roquefort haya arrancado en la era jurásica, hace unos 200 millones de años, con el hundimiento de la montaña Combalou, que esta convulsión de la naturaleza creó un entorno geológico único para lo que más tarde sería el queso Roquefort y que a partir de ahí se forma entonces el actual macizo rocoso con las cuevas naturales que influyen en su curación, nos tenga que gustar obligatoriamente! ¡No es una cuestión de historia, es cuestión de gusto!

-Pero escuchame, pedazo de idiota! No sé nada de historia, pero sí tengo gusto! El provolone...

Así pasaron horas y horas discutiendo sobre las cualidades de uno y otro queso. Agotados y hambrientos, destruidos e humillados recíprocamente, decidieron dar término a la discusión. Fue así que cada cual al emprender el camino de regreso, solitario e irremediable- pensó que a lo mejor el otro tenía un poco de razón. Pero ya era demasiado tarde para volver atrás.

© Juan José Mestre

sábado, marzo 12, 2011

ECLIPSE



 
 
algo huye de la memoria 
un disco de Serrat 
el indescriptible beso 
de los sauces 
la húmeda mirada 
a unas cartas 
el dulce sabor 
de la pesadumbre 



© Juan José Mestre

viernes, marzo 11, 2011

CUENTO BREVE SOBRE NIHILISMO



 
 
Llegó con prisa a su trabajo. Notó que nadie estaba en su puesto. Solía suceder a menudo, así que no se dio por enterada y puso manos a la obra: encendió su pantalla, abrió el Word y algo estalló en su interior. Se metió de lleno en la superficie blanca que se presentaba ante sus ojos porque sabía que allí estaban todas las claves de su existencia. Por esta vez, no le había errado. Vio –con absoluta claridad- el vacío constante que tantas veces le escamoteó al espejo. El ego, su ego, huía por los intrincados vericuetos que los bytes despejaban entre las vías muertas de la red -sin terminales- de su ruina. 



© Juan José Mestre


 

jueves, marzo 10, 2011

INSTANTE



No vi que se acercara. Cuando volteé la mirada a mi derecha, simplemente allí estaba. Nunca había observado tanta belleza en una mujer. Estaba desnuda. Su cuerpo era perfecto, pero inmediatamente capté otra clase de atractivo en ese ser. Irradiaba luz. Invisible, pero era luz. Había un dejo de nostalgia en su mirada. "No soy de aquí", me dijo. "Tampoco me preguntes quién soy, ya que todo lo que puedes ver está en este instante. Soy esto y nada más." A esta altura, mi ánimo iba -pendular- del éxtasis al asombro.
Sin hacer el más mínimo movimiento, tenía mis manos entre las suyas. En ese instante, todas mis vidas pasadas y futuras pasaron por mi ser. El cálido aire nocturno se tornó de una exquisita tonalidad púrpura. Todo el entorno estaba impregnado de un raro sabor a madera perfumada, como si la noche se hubiera trasladado al Edén. Las nubes se volvieron humo vertical que esparcían una fina llovizna luminosa de pétalos de jazmín.
Miré sus ojos: dejaban ver una tristeza indecible. Sin que pudiera interrogarla sobre la causa, me dijo: "debo partir".
Quise preguntarle el porqué, pero inmediatamente expresó: "aquí tienes, para que me recuerdes..." Era una hoja de papel de una blancura tan exquisita como nunca había imaginado que existiera.
Leí:


"Sentir que soy apenas un momento,
que me voy transcurriendo en mi marea,
que un mundo de otras vidas me golpea
el absurdo eslabón del pensamiento.

Comprender que es prestado el firmamento
que por dentro me pasa y gorgotea,
que mi porción de tiempo es una idea
que se disuelve en el andar del viento.

Intuir que voy cayendo de mí misma
y soy materia cósmica flotando
en lo infinito sobre negro abismo.

Para alcanzar al fin la desolada
convicción de que la vida es solo un blando
trasmigrar de la Nada hacia la Nada."



Cuando terminé, ya no estaba. Un tenue fulgor quedaba en el sitio. Rompí en llanto.


© Texto: Juan José Mestre
© Soneto "Pensamiento": Viviana Degano




miércoles, marzo 09, 2011

EL AMOR SIN TU AMOR



 
 
Es el ensueño perdido, el ocre de los árboles solitarios, el manto gris que cubre el paisaje, el río que está quieto, la distancia entre dos vidas, la montaña inaccesible, el camino sin atajos, el valle sin el hálito. Es el adiós sin esperanza, el mudo vuelo de los pájaros hacia donde acaba el mundo. Es el retorno triste de la paloma sin mensaje, la desesperanza hecha carne, la herida trocada en hielo ardiente, el tormento merecido, remiendos en el pecho. Es no poder ver el mar sabiéndolo enfurecido y no abordar la barca cuando los remos se han perdido; es ver el abismo que se acerca para persistir inconmovible. Es, al fin y al cabo, morir un poco a cada momento sin poder imaginar un día de mi vida sin tus ojos en la vaguedad de la añoranza. 


© Juan José Mestre


 

martes, marzo 08, 2011

LA MUJER Y LA VIOLENCIA





Decir NO nunca es suficiente. Esconder ese NO entre cuatro paredes es bajar los brazos. Dejarse violar por la impotencia NO vale de nada. Ser secuestrada y prostituida ES UN CRIMEN DE LESA HUMANIDAD. Creer en falsas promesas es alimentar el fuego con nafta. La violencia de género ES ABERRANTE. ¿Cuántas veces hemos dicho y oído esto? ¿CUÁNTAS VECES HEMOS HECHO ALGO AL RESPECTO? Es hora de renovar ese NUNCA MÁS que asumimos como sociedad hace ya treinta años y en otro contexto AHORA MISMO.


© Juan José Mestre



lunes, marzo 07, 2011

PROSA DISLOCADA



 
 
La candente memoria del día ensayaba búsquedas equívocas, imprecisas, sin rumbo, como si el levante hubiera errado su emplazamiento. Nada estaba en el orden lógico esa mañana. El sol, rojizo anillo en un cielo extrañamente gris, descolgaba sus rayos perpendiculares desdeñando la mayor parte del paisaje; una obscena oscuridad se adueñaba de todo lo que evidenciara vida en la pradera. No podía explicarse el motivo del malestar que lo asaltaba. Era un dolor -brusco y solapado- entre el pecho y el sexo que lo seducía y excitaba como si exigiera una cópula inmediata, urgentemente demoníaca, placentera y desgarrante. La vista, entre tanto, no variaba: una sola excepción a este desenfreno ominoso, lo constituía el sereno balanceo de una rosa blanca jugueteando con la brisa raramente intranquila. Cayó de bruces. Mordiendo el piso, sintió esa incongruente sensación de estar en paz y en el infierno. Todas sus identidades habían comulgado. (Negro perfecto e irrebatible). 


© Juan José Mestre


 

domingo, marzo 06, 2011

BARUJ Y YO


Descuajado de la vida y de la muerte
voy, como Baruj,
hacia el olvido.

Herético él como ninguno,
me acompaña con su expiación
del día a día.

El peor de los yerros fue perpetrado:
ser fieles a lo que los demás no aceptan.

Es por los demás
-precisamente-
que vamos hacia el estertor postrero,
en calma y sin batallas.

Que hagan cuantas tumbas quieran;
¡no nos pertenecen, no son nuestras!
tal como les toca a los descastados.



© Juan José Mestre.