Hay un cierto letargo que rehúye al viento. Helado el paisaje, conjuga con el silencio de los perros y los hombres. No se oye nada más que un lejano pasar de autos con cierta prisa. Lo demás es monotonía. Una cierta lujuria acerca más el aire a la sangre que punza con su rojo-negro al hálito tibio de una alcantarilla.
© Juan José Mestre
jueves, mayo 13, 2010
miércoles, mayo 12, 2010
VIENTRE
una
esfera
y otra
dentro
de ella
útero
micro
cosmos
macro
creación
los
pájaros
se han
dado
cuenta
de la
vida
que
aún
bulle
© Juan José Mestre
esfera
y otra
dentro
de ella
útero
micro
cosmos
macro
creación
los
pájaros
se han
dado
cuenta
de la
vida
que
aún
bulle
© Juan José Mestre
martes, mayo 11, 2010
EL ALBA
¿Qué es esta desazón que se diluye en lo denso de la niebla? ¿Quién es ella para hacer que escriba en gris la monótona ausencia del viento? ¿Qué he hecho yo para convertirme en asesino de verbos y adjetivos en pos de un delirio inesperado? ¿Qué es lo que hace tan atrayente al abismo imaginario para que sea una invitación a sus brazos? ¿Qué es este anquilosamiento del ser en el que se quiebran los bambúes? Nadie podrá responderme. Todo es parte del juego. Brutal acertijo que nunca se devela en el presente. Y es así que renace ese dulce tormento que es la esperanza.
© Juan José Mestre
© Juan José Mestre
lunes, mayo 10, 2010
IGNORANCIA
Ignorancia es la falta total de conocimiento sobre un tema. También puede ser sobre varios. Pero hay una muy brava: es aquella ignorancia supina, la que te pone anteojeras y no permite que te impregnes de tu entorno, que sepas –o por lo menos intuyas- lo que le pasa al otro, esa que no te deja actuar con el corazón, sentir que hay alguien tan valioso como tu ego y que este último debe ceder ante la primera controversia que surja entre él y la persona, animal o piedra, cualesquiera sean éstas. Ignorancia es no captar las diferencias y es de mala leche no admitirlas. Porque la igualdad no es dar a todos por igual, sino a cada uno lo suyo. Y porque, de última, no es bueno que una sociedad no conceda a las minorías sus derechos. Porque, al fin de cuentas, todos formamos parte de alguna minoría.
© Juan José Mestre
© Juan José Mestre
viernes, mayo 07, 2010
NO HABRÁ
No habrá
más auroras
ni soles
ni lunas
ni noches
ni nada
sólo
un ocaso
sin fin
y una espera
irrealizada
© Juan José Mestre
más auroras
ni soles
ni lunas
ni noches
ni nada
sólo
un ocaso
sin fin
y una espera
irrealizada
© Juan José Mestre
jueves, mayo 06, 2010
(...)
En la repetida
sinrazón de cada día
el sol no es más
que un pálido espectro
de grises alegatos.
© Juan José Mestre
sinrazón de cada día
el sol no es más
que un pálido espectro
de grises alegatos.
© Juan José Mestre
miércoles, mayo 05, 2010
A ESO
A esa aventura cotidiana de inventarnos la jornada, a la cuerda que se tensa al pasar los minutos devenidos en estanques desbordados, a esa aventura cotidiana de ser uno mismo en medio de la multitud sin forma, a todos los llantos sollozados sin permitirnos lágrimas en los ojos, a esa valentía arrancada de golpe a las entrañas, a esa locura terminante que acusa el impulso vital de cada día: a eso le llamamos esperanza.
© Juan José Mestre
© Juan José Mestre
martes, mayo 04, 2010
ANTÍFRASIS
ir al abismo
y regresar
transfigurado
con las alas rotas
de tanto chocar
contra los muros
sin un resquicio
para aferrarse
respirar
las opresiones
y sucumbir
ante las libertades
© Juan José Mestre
y regresar
transfigurado
con las alas rotas
de tanto chocar
contra los muros
sin un resquicio
para aferrarse
respirar
las opresiones
y sucumbir
ante las libertades
© Juan José Mestre
lunes, mayo 03, 2010
LA VIDA PERTINAZ
La crisálida quiere abrirse;
usufructo de colores,
escuálida negación
del reposo, estalla
en un azul casi mareado
la porfía con las alas.
© Juan José Mestre
usufructo de colores,
escuálida negación
del reposo, estalla
en un azul casi mareado
la porfía con las alas.
© Juan José Mestre
sábado, mayo 01, 2010
EL MANDAMIENTO
“Tenés que trabajar”, sentenció su padre casi como un mandato bíblico. Él, con sus seis años, ni siquiera entendió de qué se trataba. Al día siguiente lo llevaron al campo. Mientras toda su familia encaraba las más variadas labores, a él lo habían puesto a jugar. Fue divertido al principio, pero cuando se cansó y se recostó sobre la tierra húmeda, un grito y un fustazo de su padre lo asustaron mucho. “¡Seguí trabajando!”, le gritó. Confundido, se levantó y continuó con lo que estaba haciendo. Unos días después, ya sin fuerzas, caía desplomado bajo el sol picante. Así fue toda su vida: estuvo en el campo de sol a sol, día a día. Ya de viejo, oía la voz absoluta e imperativa del padre y el único mandamiento que le había legado.
© Juan José Mestre
© Juan José Mestre
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